En tierras de tu monte mi bandera
siquiera hizo un intento de reclamo,
pues no intentaría nunca ser tu amo
por más que del amor fueras obrera.
Las joyas de tu rostro desde afuera
rosearon a mi alma en cada tramo,
cuando tu boca pronunciaba ‘te amo’
y luego se iban ya a sus madrigueras.
Coseché en las fresas entreabiertas
de tu cara, palabras como un fruto
sin sabor, entre tus simientes yertas;
y ahora nuestro campo está de luto
soterrando amor en tierras desiertas,
como en extremaunción del Absoluto.


























