Por Achaval nadie daba dos mangos




Hace algún tiempo Fabian, mi psicólogo, me dio a leer unas hojas tituladas: “Por Achaval nadie daba dos mangos”. Esa misma tarde me deleité leyendo el maravilloso cuento de Eduardo Sacheri que gracias al reproductor ubicado encima de éste párrafo puedes escuchar encarnado en la voz de Alejandro Apo sin necesidad de moverte de Ángel Poético.

Para ser sinceros con nosotros mismos, debemos saber percibir que en la vida, desde el momento en que nacemos hay muchas personas que nos brindan el regalo de la confianza al depositar su credibilidad en nuestra persona. Pero la ocasión amerita sacar a relucir del baúl de los recuerdos aquellos indicios que nos dicen cuándo alguien no nos ha obsequiado este presente y, por el contrario, nos ha hecho sentir que por nosotros no daba dos mangos.

Como en el cuento, en las escuelas es recurrente que suceda lo antes mencionado. Muchas veces no tenemos destreza para realizar una tarea determinada y nuestros compañeros y profesores poseen especial habilidad para reprendernos por aquello en lo que no somos eruditos y hacernos sentir que jamás lo haremos bien. Lo mismo sucede a la inversa, cuando nosotros nos transformamos en esas personas que en vez de dirigirse al semejante con respecto e impartir el conocimiento con amor, intentan en vano obtener resultados satisfactorios con formas hostiles y perimidas.

A menudo olvidamos el poder que se nos ha conferido y que no somos entes cohabitando en el planeta, sino seres humanos que pueden incidir de forma positiva o negativa sobre otros. Poseemos un poder infinito del cual aun no nos hemos percatado por completo, y más nos vale emplearlo del modo correcto para que la energía fluya con el universo y no se vuelva en nuestra contra hasta destruirnos o destruir a los demás.

Es importante hacer hincapié en que si no somos amables con una persona la podemos marcar de por vida. En el caso de los maestros que maltratan a sus alumnos psicológicamente, debieran asumir que esta actitud lleva a un círculo vicioso en el que el niño algunas veces asume idéntica postura frente a sus compañeros y, si no tiene fuertes conductores en la niñez como en la adolescencia -padres y maestros de conciencia-, es posible que al crecer cometa los mismos o aun peores errores que los que cometieron con él, y el círculo vicioso se expanda por generaciones.

El problema radica en una sociedad en la que se nos enseña a competir por un lugar constantemente para ser aceptados. Del mismo modo que para ser admitidos en un torneo cualquiera, cuando nacemos, de antemano firmamos un acuerdo implícito en el que damos a entender que estamos dispuestos a competir. Por desgracia, nuestra sociedad jamás nos ha consultado si queríamos o no aprender este oficio; eso es lo que llevamos por instinto, lo que nos enseñaron y lo que vamos a hacer hasta el fin de nuestros días: competir por el primer puesto. Lo asombroso es que nuestros maestros a menudo se hayan olvidado de complementar la enseñanza en la materia de competir, con la de compartir; tal y como lo hizo Achaval que a pesar de no haber sido aceptado en el equipo de futbol gracias a su desastroso desenvolvimiento en aquel partido inicial demostró su entereza al ayudar sin rencores a sus compañeros para obtener juntos la más importante de las victorias.

Siguiendo el ejemplo del personaje del cuento, no esperemos a que llegue el final de la vida sin antes haber perdonado a las personas que nos hayan herido por no haber depositado su confianza en nosotros. Aun así, si en vida no logramos la proeza, es probable que al morir seamos ángeles consientes de que el único modo de redimir a las personas es demostrándonos a nosotros mismos -y no a los demás- que sí podemos.

9 comentarios:

Carolina Badilla Opinó:

Hola Corazón!...Bueno, aquí me tienes de nuevo y conectada jaja.

Bueno, que puedo decir, todo esto ya lo sabes desde hace mucho tiempo, pero lo reitero nuevamente,te felicito por tu nueva iniciativa, con este nuevo proyecto en tu blog, espero que alcances las metas que quieres y sé que así va a ser ;), sabes que siempre he creído en ti, que siempre te he tenido fe, incluso cuando otras personas no lo han hecho,ya que para mí tu talento está a la vista y los demás ahora sabrán apreciarlo.

Recuerdo también el día hace ya muuuuchos meses en el que me enviaste esta grabación sobre la historia de Achaval, la que es muy buena, enseña mucho, te doy las gracias por compartirla también con otras personas que ahora tendrán la enseñanza que les dejará de seguro.

Un beso grande y un abrazo eterno!

TE AMO!!!

Jorge Ángel Aussel Opinó:

Carolina:

Gracias por tu comentario. Si mal no recuerdo te envié la historia escrita porque la grabación recién pude encontrarla en el día de ayer. Pensé que nunca la habías leido y/o escuchado, pero veo que no estaba en lo cierto.

Saludos.

Carolina Badilla Opinó:

Hola Corazón!...Sí, como dices no estabas en lo cierto y era la grabación no la escritura (CD 11) que aún lo tengo ;), venía incluso con otra historia más y algunas canciones.

Y sí, me imaginé que habías pensado que no lo había escuchado...Así, como hay muchas cosas más que también las piensas y no son ;) pero está bien, a todos nos pasa, somos humanos, pero las iremos hablando y las irás descubriendo de manera positiva por ti mismo, cuando sea el momento.

Suerte y un beso! MUAC!

Carito.

Jorge Ángel Aussel Opinó:

La aclaración entre parentesis me hizo recordar. Te pasé el enlace una tarde que me conecté desde el cyber y pensé que jamás lo habías oido porque nunca me hiciste ningún comentario al respecto.

Carolina Badilla Opinó:

Sí, que bueno que te hizo recordar eso ;) sabía que lo haría, por eso lo hice. Y claro fue una tarde, y me mandaste el link pero no se abría, asi que al final me mandaste el archivo ;)...
En cuanto a lo de no haberte comentado nunca, fue porque, teníamos cosas más importantes que hablar,(insisto,sin desmerecer la historia y su enseñanza) además, que también me acordaba después de haber terminado nuestras conversaciones y "encuentros" con los que obviamente jajaja, jamás me iba a acordar, ni tú tampoco de preguntarme por él, jajaa,ninguno de los dos se hubiese acordado no? jajaja! Obvio! ;) !!!!

Un abrazo!

TAM!

Yo =)

RDT Opinó:

Siempre he pensado que la competencia es hija de la codicia y la envidia, que puede destruir al ser human ya que lo hace ambiciosamente desequilibrado, no solo de cosas materiales sino también en lo sicológico. Un gusto leerte, una brazo fraternal, Roger

Jorge Ángel Aussel Opinó:

Roger:

El gusto es mío de que me hayas leído y dejado tu comentario que, por otra parte, es una opinión que comparto y que aporta un punto de vista valioso a ésta nota.

Saludos.

Juan Opinó:

Hola Papu:

No sabía de aquella historia. Ahora me di el tiempo de escucharla completa atentamente, simplemente maravilloso.

La verdad es que en todas las cosas que hacemos es importante la confianza, tanto la de uno mismo como la de otros.

También me gustó mucho eso que pusiste. En la vida hay que comprender que el competir tiene que ir de la mano con el compartir. Y es así, si todos entendiéramos que no podemos ser buenos para todas las cosas y que complementándonos unos con otros podemos lograr un resultado óptimo, todo sería mas facil.

Lo más importante, a mi modo de ver, no es la competencia, si no que cada una de las personas compartan, se especializen en competencias distintas, y se complementen para lograr un objetivo común que los beneficie a todos.

Un abrazo, Mosquetero. Y gracias por aportar con estas historias.

Juan.

Jorge Ángel Aussel Opinó:

Juan:

Me alegra que te hayas tomado el tiempo de escuchar la historia que con tanto trabajo busqué, descargué y subí a ese reproductor de música que allí ves. Es verdad que al igual que la lectura del cuento, la reproducción toma su tiempo, pero vale la pena escucharla.

En cuanto a lo demás que me has dicho, comparto tu opinión y por el momento no tengo nada más que acotar.

Simplemente gracias por estar ahí.

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